La crisis a las 3 de la mañana
Estaba en mi dormitorio de la universidad de Binzhou, con los ojos rojos por mirar la pantalla durante horas. Mi tesis sobre las artesanías tradicionales de la región estaba lista para entregar… pero no recordaba la contraseña del archivo cifrado. Había tenido un accidente con un café caliente la noche anterior, y entre el susto y el cansancio, había cambiado la contraseña sin anotarla.
Probé todas las combinaciones que se me ocurrieran: mi fecha de nacimiento, el nombre de mi perro, incluso el número de mi bicicleta. Nada funcionaba. Descargué tres herramientas de recuperación de contraseñas, pero todas me pedían pagar o tenían advertencias de malware. Me sentía desesperado; perdería mi carrera por un error estúpido.
El consejo que me salvó
Mi compañero de piso entró y me vio llorando frente a la laptop. "¿Has probado esa página que usó Ana el semestre pasado?", me dijo. "No necesitas descargar nada, solo subes el archivo y lo hace todo por ti".
No tenía nada que perder. Abrí el navegador y buscaba la página que me mencionó. Cuando la encontré, me sorprendió lo fácil que era: solo subí mi archivo cifrado, seleccioné el tipo de formato, y esperé. No tuve que entender nada de criptografía, ni instalar ningún programa en mi laptop.
El final feliz
Pasaron unas horas, y recibí un correo: mi archivo estaba recuperado. Lo abrí y todo estaba intacto: mis entrevistas con artesanos locales, las fotografías de las piezas, incluso las anotaciones que había hecho en la margen.
Entregué la tesis a tiempo y obtuve una nota excelente. Ahora, cada vez que alguien me dice que olvidó una contraseña de un archivo, le recomiendo esa página. No hay nada peor que perder algo que te costó meses de trabajo… y nada mejor que recuperarlo sin complicaciones.